miércoles 3 de diciembre de 2008

La Fiebre Melancólica de Latinoamérica



Sólo bastaron nueve días para que las entradas se agotaran. Desde que se supo que el 27 de marzo del próximo año, Radiohead tocaría en el estadio San Carlos de Apoquindo, los chilenos se volvieron locos. Y casi literalmente. Esperas infinitas, filas interminables y mucho sudor cubriendo la frente de los fanáticos, eran las escenas que se podían presenciar en los puntos de venta de boletos. Todo para poder estar presente en el gran espectáculo que la banda le debía al público nacional.

En México se presentarán el 16 de marzo, y sus seguidores incluso acamparon para obtener los primeros tickets. Éstos se agotaron también, y ya se agregó un nuevo recital para el domingo 15. Obviamente, en Chile también se agendó un segundo concierto, confirmado para el día 26 de ese mismo mes.

La pregunta es: ¿por qué tanta devoción?, ¿qué tiene Radiohead que seduce tanto al público latinoamericano? La idea no es poner en tela de juicio la gran calidad musical de la banda, ni tampoco dudar del gusto musical de sus seguidores, sino todo lo contrario. Radiohead entrega algo que el público de Chile o México necesita. Algo que está inserto en su música, obviamente, pero que va mucho más allá, que conmueve y que toca una fibra sensible del corazón latinoamericano. ¿Será que su estilo melancólico representa de algún modo la personalidad continental? Puede sonar exagerado, pero alguna conexión debe haber para explicar tanto fanatismo.

Las melodías nostálgicas que logra la banda, la oscilante voz de Thom Yorke, su originalidad y potencia, y el hecho de saberse músicos de calidad, son razones que no hacen más que despertar una extraña mezcla entre admiración y perplejidad. Es imposible escuchar The Bends mientras se cruza Santiago y no pensar que es el soundtrack perfecto para la ciudad. Una mezcla extraña si se toman en cuenta las distancias geográficas y culturales.

¿Por qué Latinoamérica es un terreno fértil para que Radiohead coseche éxitos? ¿Tendrá éste territorio una personalidad tan melancólica como los acordes de Creep? ¿Será que las cicatrices dejadas por las múltiples dictaduras nos hacen identificarnos con Karma Police? Sólo el sonido penetrante, etéreo y perturbador de la agrupación inglesa encierra las respuestas a estas preguntas.

Ahora sólo queda esperar a que los tímpanos chilenos se satisfagan los próximos 26 y 27 de marzo. El éxito del espectáculo es un resultados que ya de por sí se sabe, lo que no se tiene muy en claro aún es el porqué del fenómeno. Pero quizás a sus seguidores no les importa para nada averiguarlo.