viernes 14 de noviembre de 2008

ISABEL -primeras horas-


El sensor calórico se activó. Los tibios rayos solares de media mañana alcanzaban ya la ventana de Isabel, y las persianas se abrieron delicadamente. Bajo las sábanas, y para protegerse de la luz, la mujer se dio vuelta hacia la pared. Pero de un momento a otro, un zumbido en sus oídos comenzó a molestar su sueño. Un micro despertador alojado en su hipotálamo comenzó a emitir un continuo y agudo sonido, además de una leve vibración. El sistema era bastante sencillo, pues se desactivaba inmediatamente después de que la persona portadora abriera los ojos. Salvo que esta vez, el alcohol de la noche anterior estaba cargando todo su peso en los párpados de Isabel. Cuando el ruido interno se hizo insoportable, la mujer perdió la batalla. Abrió los ojos y se levantó.

De camino al baño, presionó un botón rojo ubicado al costado del catre y la cama se destruyó. Abrió la llave del lavamanos, llenó un vaso de agua y volvió a su habitación. Del velador sacó una caja que contenía miles de diminutas píldoras; escogió una al azar, la dejó caer en el agua y puso el vaso en el suelo. Volvió al baño e introdujo en su vagina una pequeña manguera que trasladó su orina hasta un vaso hermético. La ducha tibia terminó por despertar sus sentidos.

Las imágenes se intercalaban en un orden aleatorio. Las sensaciones también. El torbellino de fantasías crecía a medida que las gotas rompían en su piel. Adex. La potencia de sus movimientos, el calor de sus brazos, la presión exacta de su contacto. El vertiginoso vuelco hacia límites insospechados le sorprendía y extasiaba a la vez. Adex. Nunca pensó que sus sentimientos se aferrarían de ese modo… bajo esas circunstancias. Y aún entre sus piernas, el agua arrastraba la espuma del jabón.Para cuando el vapor inundó su habitación, un nuevo lecho se levantaba por sobre el vaso ahora hecho pedazos. Isabel amaba este sistema; siempre había odiado la rutina de hacer la cama.