Aún con la desagradable sensación de la cercanía del gato, Isabel subió las escaleras sin percatarse de que estaba siendo observada. Dejó atrás el último peldaño y alzó la vista para encontrarse con Adex, en el umbral de su puerta. El androide le sonrió e Isabel le devolvió la sonrisa. Dejó caer las bolsas y corrió a abrazar a Adex. ...el calor de sus brazos… la presión exacta de su contacto... Los duros pechos del androide se sentían tibios bajo su blusa; bajo su falda, una erección. Adex la besó con fuerza y luego recorrió el cuello de Isabel con su húmeda lengua de silicona. La mujer cerró los ojos y le susurró que tenía que trabajar. El androide se apartó y fue en busca de las bolsas olvidadas. Miró a Isabel directamente a los ojos y con su delicada voz le dijo que esa noche no trabajaría ni un minuto. Isabel olvidó sus pinturas y una y otra vez, imágenes aleatorias de cálidos recovecos surgieron en su mente a la vez que sonreía ampliamente.
Para cuando hubo cerrado la puerta, las descascaradas paredes del pasillo recibían los últimos y agonizantes rayos del sol.


2 comentarios:
Basta ya!! Realidad, Andueza, Realidad!!
Jiji ^^
Me gusta taaaanto como escribes (:
jajajaa
noooo !!!
hace falta q alguien deje de ser realista en la vida !!!
deberiai hacer libro esta historia.
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